miércoles, 10 de febrero de 2010

MENOS ES MÁS

La vida se reduce a una simple ecuación y aunque nunca me he declarado amante de las ciencias, me alegro de entender ésta. Para mí, esencial si quieres sobrevivir.

Pero mejor pasemos a la práctica. Iba un día cualquiera en busca de mi coche cuando vi pasar un vagabundo en su día de suerte. Que ¿qué hace un vagabundo en tales circunstancias? Pues cual pirata, después de buscar por todos los containers de la zona, encontró algo que por la expresión de su cara le supo a tesoro. A continuación - y yo simulando que buscaba algo en el bolso para poder seguir observando- empezó a desmenuzar un trozo de comida y se lo sirvió a su compañero canino además de a otro homeless que sin tanta fortuna, tenía las manos vacías y supongo que también el estómago. Pero eso no fue todo, reanudé el paso dejándolos a un lado de la calle y cuando me encontraba a escasos metros del grupo el hombre, que había adivinado mis pésimas dotes de espía, me ofreció un trozo de pan.

Ese hombre no creo que sea diplomado en ciencias pero me recordó la ecuación de la forma más sencilla que pudo: dando ejemplo.

lunes, 8 de febrero de 2010

VERDADES COMPARTIDAS

"Los padres nos ponen un nombre, pero no tienen ni idea de quiénes somos en realidad. Los amigos nos ponen un apodo porque saben exactamente cómo somos"

Entrevista a Sting en Esquire

jueves, 28 de enero de 2010

AMOR SOBRE RUEDAS

La sociedad y el amor se dividen entienden de clases. Son varios los tipos pero sólo uno se merece viajar en primera. El resto queda relegado al triste asiento de un vuelo en turista.

Puede que los de 2ª y 3ª clase nos resulten exóticos, puede que nos engañe la curiosidad de lo nuevo, puede que sintamos un crucero de sentimientos, puede que volemos sin alas pero siempre carecerá de eso que le impide subirse al vagón “preferente”, la esencia de lo verdadero. Y digo todo esto porque hay una historia que merece ser contada.

Dos personas que veo a menudo, intercambian ese amor único, de primera. Son dos mujeres, madre e hija. La segunda se quedó en silla de ruedas tras sufrir un accidente de moto cuando aún iba al colegio, la primera supongo que se le quedaron atropellados los sentimientos. Ahora Alba, que así se llama la chica, estudia una carrera y su madre la acompaña durante su jornada en la universidad. Alba a penas puede moverse. Su barbilla reposa en un mando conectado con las ruedas de su silla que le permite moverse sin necesitar ayuda. Ambas se desenvuelven a la perfección. La madre habla con profesores, alumnos y personal; se siente una más. Siempre sonríe y saluda a la gente pero a veces la veo sentada en los bancos del claustro de la universidad. Se la ve ausente, pensativa, con el rostro serio y trato de pensar qué sentirá en esos momentos de encuentro con ella misma. Me pregunto si esa actitud tan positiva que refleja y demuestra tener, la transportan directamente al País de las Lagrimillas, cuando nadie la ve. Mientras, Alba sonríe en el bar, rodeada de compañeros que le hacen este viaje más agradable.

Pienso que, aunque han pagado un pasaje "high cost", ambas son muy afortunadas porque sobreviven a las turbulencias del presente, a los descarrilamientos de la vida, a las frenadas de ilusiones pero sobre todo, porque ellas tienen un amor sobre ruedas. Ese que no se acaba y aunque nada sea eterno, como esos viajes que se cancelan, también hay reglas con sus excepciones. Y esta es una de ellas porque, hablamos del amor más sincero, desinteresado y puro: el de padres a hijos y viceversa. Es un amor a toda vela, en este caso, va sobre ruedas.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

CRISIS

Se ha quedado en el paro el oficio de mis letras y es que cuanto más siento, menos digo. No me queda más remedio, las ideas salen a subasta. Me abandonan y se van con su nuevo dueño, han dejado de pertenecerme.

Ya no queda presupuesto para rayas ni palabras. Los sueños redactados han hecho crack. Como tragaperras echo monedas a mi pluma para acertar la combinación pero nunca llega porque, la imaginación está en recesión y al final, el resultado son páginas en stock con plus de insatisfacción. Me rebajo y cuelgan de mis anotaciones, carteles que marcan con fosforitos “al 50% de ingenio”.

No me alcanza para un flotador que, rescate los mares revueltos de mi estilo liquidado. La lengua va dando tumbos por las esquinas con poco o nada que decir. La moleskine se ahoga entre frases anuladas como las tarjetas que un día fueron oro de lo brillantes y hoy, se queman a la sombra del rojo vivo. Los nombres pasan de ser autógrafo a una firma vulgar, es el indicio de lo que se avecina, la baja y factura sellada con anonimato.

Pero hablemos de precios porque, elegir lo que uno prefiere tiene un coste bien alto, sólo apto para los más pudientes de barrios de derecha y eixample de valientes. Mi deseo es tenerte pero antes, un consejo, que la ambición no ciegue lo que dejaré pasar porque nada es gratis y los folios en blanco van a la caza de un tal Marx para saldar la cuenta pendiente con la fugada inspiración.

Qué barato es encapricharse y qué ruina, el haberte escogido. Pido un crédito a la genialidad y de tanto esperar opto por alquilar esas noches en que el lápiz parece correr como las acciones en Wall Street, donde escribo más que pienso, donde siento lo que produzco. Pero la cosa está muy negra. Miro en la prensa las páginas de la bolsa que no deja de bajar. Se ha subido en el mismo ascensor que viaja ahora mi creatividad, precipitándose al sótano, tan alejado de la gloria.

Así que vayamos al casino y apostemos todo por el rojo, el color de la pasión. Esa que lo da y lo quita todo. Dejemos el destino en manos del croupier y en la mesa de juego, nuestra alma cronista intercambiada por una cuantas fichas.

Qué difícil explicarte; no no, quiero decir, expresarte…aunque bueno, ya ni sé como reprocharte que eres el culpable de mi particular crisis. Pero para eso ya están los artistas que sacan ironía y agudeza del bombín con frases sabineras que auguran mi finiquito: “¿Cómo quieres que escriba una canción si a tu lado no hay reivindicación?”

lunes, 21 de diciembre de 2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

SIN CONTROL, NI CORAZÓN

Siempre dando vueltas, nunca se para a dormir, gira al compás de su amigo el reloj como una noria, sin norte ni tampoco sur, sin cielo ni infierno. Es fiel a lo ambulante. Me refiero al mundo, el tuyo y el mío. Que se mueve, que bombea, que palpita al ritmo del trote y el galope. Una veces tan pausado, como al segundo, algo más que acelerado.

Otro, en cambio, es el músculo que da sentido a cada giro de este globo. Es el que hace que todo parezca posible. Te hablo del corazón, el tuyo y el mío. Con sus penas y sus glorias; alegría algún día y calendarios enumerados con melancolía. Tan opuestas, tan de la mano.

Algunos derrotados apuestan por el capital como propulsor caprichoso de nuestro mundo. Otros tienen fe en el motor y hogar donde habita el amor. No obstante, sean los metales o los corazones ambos tienen algo en común. Su ausencia nos hace desgraciados pero poseerlos no nos garantiza la absoluta satisfacción. Resumiendo, los dos son unos cabrones adobados con trampa y cartón.

Pasaporte de la vida, dinero o corazón. Unos lo guardan en la cartera otros, en lo más profundo del esternón. Y del segundo también me pregunto si es vecino del pulmón o más bien se sitúa debajo de la falda y el pantalón. De nuevo, hay que hacer una elección. Y es difícil porque no hay preservativos de la talla del corazón. Sí, en cambio, del músculo de la calentura, que va cubierto de su armadura y de ese placer que no dura, que arde pero no duele. Que siempre plastificamos a todo riesgo. Para todos los tamaños, de sabores y colores, es infinita la selección. ¿Y que hay del corazón? No se venden lubricantes que hagan deslizar el desamor, ni pastillas para olvidar la ausencia del día después en soledad. Tampoco plastificadores para el corazón, que lo envasen al vacío para que no quepa en el aire ni un átomo de sufrimiento. No hay ningún lugar en el que guardar esos sentimientos concentrados que un día creiste que fueron sólidos y se convirtieron en fluidos semendesnatados. Acabaste fecundando decepción. Y es que cuando la crisis asoma, no le queda otra al amor que compartir gastos de alquiler con el dolor. Y el corazón con sus varias capas de piel, que se esconde con el frío de las heridas y se agranda al tocarlo pero en un día cualquiera, ese corazón ya no late porque nunca nadie pensó abrigarlo con un poco de latex.

Por eso, alerta si se acerca un tal Cupido. Porque olvidaste pensar en la protección.

martes, 17 de noviembre de 2009

GOTERAS


Me gusta pasear por la ciudad en esos días que el cielo descarga toda su melancolía, que esparce su dolor en el grisáceo asfalto. Las nubes son los corazones hechos trizas que se quedan apelmazados y repartidos por encima del olvido escurriendo el sufrimiento en las aceras.

Lágrimas diluviadas que inundan las alegrías. Dejan las motocicletas de circular y entonces, salen coches y caracoles a pasear, paraguas que se abren como setas en otoño. Botas de agua, impermeables de colores y un sin fin de vestimenta que hace resbalar soledades y tristezas.

En uno de esos días en que el cielo no deja de sangrar verdades trasparentes, decidimos parar a comer en el lugar más cercano. Subimos unas cuantas plantas, para acercarnos al cielo de los doloridos. Desde una terraza acristalada truenan desconsuelos. Se instalan allí nuestras almas congestionadas para rellenar el vacío de los sentimientos que se habían largado a un paisaje más soleado. Pero allí estamos, tan dispuestos a engañarnos, a dejarnos consumir por manjares que nos saciarán aunque no alimentan. Completamos los huecos con alcohol de quemar recuerdos. Y de pronto una bofetada de realidad, los comensales sacan sus paraguas mientras que con la otra mano sostienen, el vino que se sirven.

Es en momentos así cuando uno se da cuenta que las goteras del corazón, gota a gota, van encharcando no sólo nuestra vida sino la de los que nos rodean. Vamos regándoles de preocupación, mojando los sentimientos sin ningún pudor y al final se produce el escape, esa huida tan necesaria que sale disparada desde el interior y corre hacia ningún lugar, sin rumbo ni camino, por donde puede, por donde le dejan pasar hasta llegar a fuera, a ese lugar donde corretear y bañarlo todo de angustia y dolor.

Por eso, cuando empiece a gotear mejor... gritar, llamar a un fontanero de emociones pero nunca tapar para acallar, remendar para aguantar porque el resultado siempre es el mismo: estamos inundados!